Humor

Bromas, chistes y demás

Nos encontramos con la típica suegra que quiere aprender a manejar a los 50 años; su hija le recomienda la escuela de manejo de su esposo.

Llegan a la escuela: “Mi  mamá quiere aprender a manejar”.

“A sus órdenes, querida suegra. ¿cuándo quiere empezar?”

“¡Ahora mismo!”

“¿Cúanto crees que va a necesitar, mi amor?” pregunta la esposa refiriéndose al tiempo.

“Bueno, tratándose de tu mamá unos tres o cuatro…”

“¿Semanas o meses?”, interrumpe la madre política.

“¡No suegra! ¡tres o cuatro automóviles!”.

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Resulta que iba un rancherito con una vaca por un camino real al pueblo más cercano y le faltaban como 60 kilómetros para llegar, de pronto ve una polvareda por el camino, se hace a un lago y empieza a hacer la parada, y era un ejecutivo que iba en su auto deportivo y lo pasa.

De pronto, que se regresa el ejecutivo en su carro y sube al rancherito y la vaca los sigue.

El ejecutivo mira por el espejo retrovisor y ve que la vaca casi lo alcanza y acelera a más de 100 km/h, mira por el espejo retrovisor y ve que la vaca está detrás de ellos, entonces acelera a 150 km/h y la vaca detrás de ellos, acelera a 180 km/h y mira por el espejo retrovisor.

Ve que la vaca va sacando la lengua, recargandola hacia el lado izquierdo y le dice al rancherito:  “Creo que tu vaca ya se cansó.”

A lo cual el rancherito pregunta: “¿Por qué dice eso?”

El ejecutivo le contesta: “Porque va sacando la lengua.”

Y el rancherito le pregunta: “¿De qué lado la va sacando?”

El ejecutivo le contesta: “Del lado izquierdo.”

A lo cual el rancherito le dice: “No se ha cansado, eso quiere decir que nos va a rebasar.”

Y Zuuuuummmmm, que los rebasa la vaca.

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Piano y maletas nuevas

Bonifacio va a la casa de un amigo y ve un piano nuevo.

“¡Oh, un piano!”,

“Sí, lo compré con la esperanza de que mi hija, al verlo, se entusiasme y aprenda a tocarlo”,

Dice el amigo Bonifacio dando un largo suspiro: “No tengas muchas esperanzas, hace mucho compré unas maletas nuevas, pero la suegra todavía no se ha ido de la casa”.

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Marineros

Después de una larga travesía, dos marineros llegan al puerto y lo primero que hacen es dirigirse al bar a tomarse unos tragos. Al rato de estar, el dueño del bar dice:

“Ahora damos inicio al show… ¡$2,000 pesos al que haga llorar al Gran Elefante!”

Pasan varios y los intentos son en vano. Entonces un marinero le dice al otro: “Esos $2,000 pesos son míos.”

Sale el marino a la calle, busca dos hermosas piedras y regresa donde el Gran Elefante y se le pone de frente enseñándoselas… se va detrás del Elefante y le pega en la entrepierna como si estuviera con platillos… resultado, El Gran Elefante era un mar de llanto… el escándalo, el dueño afligido… “Qué barbaridad, me lisiaste a mi Elefante, toma y no regreses…

Al cabo de varios años, regresa el mismo marino al mismo puerto y se dirige al bar, entra y está el mismo show del Gran Elefante… Da inicio y dice el dueño: “$4,000 al que haga decir al Gran Elefante primero sí y después no.”

Entonces nuestro marinero dice: “Esos $4,000 son míos…” Pero apenas se levanta, el dueño lo encara y le dice que él no por qué la última vez le ocasionó mucho daño al Elefante.

“No se preocupe, no le haré ningún daño.”

Sale a la calle, recoge dos hermosas piedras, una en cada mano, se pone enfrente del Gran Elefante y le dice:

“Elefantito… ¿Te acuerdas de mí?…”  y el Elefante asustado levanta el moco y sacude la cabeza indicando “Sí.”

“¿Quieres que te lo vuelva a hacer?”  y el Elefante sacude la cabeza: “¡NOOO!”.

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“Hola, cariño, ¿cómo te fue en el golf?”, – preguntó Estela a su esposo Pedro. –

“Bien, estaba dando buenos golpes, pero mi vista está tan mal que no veía a donde iba la bola”.

“Claro, si tienes 75 años, qué esperabas, ¿por qué no llevas a mi hermano Santiago contigo?”

“¡Pero si el tiene 85 y ya no juega golf!”

“Pero su vista sigue perfecta, él puede ver a donde va la bola y decirte”.

Al día siguiente, Pedro estaba jugando y Santiago miraba a su lado.

Pedro golpeó con fuerza y la bola salió disparada un buen tramo.

“¿La viste?”, preguntó Pedro.

“Sí”, respondio Santiago.

“Bueno, ¿y dónde cayó?”, preguntó Pedro, esforzando la vista sin alcanzar a ver nada.

“Ya no me acuerdo…”

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¡Mamá!, ¡Mamá!, en el colegio me dicen:

“Jabón en polvo”

No te preocupes, Ariel

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Entra un nuevo profe al curso y se presenta:

Buenos días, mi nombre es Largo.

Dice Juanito:

No importa, tenemos tiempo.

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Jaimito le pregunta a la maestra:

Maestra, ¿Usted me castigaría por algo

que yo no hice?  Claro que no…

¡Ahhh!, pues qué bueno, porque yo no hice

mi tarea.

Un día un paletero iba caminando por una vía principal en la ciudad a eso de la 6:00 de la tarde.

A la vez, un motociclista de entrega de pizza iba apurado porque se le acababa la media hora de entrega.

Iba esquivando los carros y metiéndose por donde veía un espacio.

En una de esas se le tira el paletero enfrente y lo choca ¡Pumm!

El pobre repartidor de pizza empezó a gritar “Ay ¡maté al paletero! no puede ser”.

Señor paletero ¿dígame lo que tiene? para decirle a la ambulancia, por favor ¿dígame lo que tiene?.

En eso, el paletero abrió los ojos y empezó a murmurar: “Coco, …Limón, …Maracurá…”

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Conversaban dos hombres en un bar cuando uno pregunta:

“Disculpa la pregunta, ¿Pero a ti te cae bien tu suegra?”.

“No, para nada.”

“Entonces ¿por qué llevas una fotografía de ella en el paquete de cigarrillos?”

“¡Ah! es que quiero dejar de fumar.”

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Una niñita le estaba platicando de las ballenas

a su maestra. La profesora, dijo que era

físicamente imposible que una ballena se tragara

a un ser humano porque aunque era un mamífero

muy grande, su garganta era muy pequeña. La

niña afirmó que Jonás había sido tragado por

una ballena. Irritada, la profesora le repitió

que una ballena no podía tragarse a ningún

humano; físicamente era imposible. La niñita dijo,

“Cuando llegue al cielo le voy a preguntar a

Jonás”. La maestra le preguntó, “¿Y qué pasa

si Jonás se fue al infierno?”. La niña le

contestó, “Entonces le toca a usted preguntarle.”

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